martes, 29 de marzo de 2011

Nacho Vegas: 'He aprendido a ser menos solemne'



Resulta ya un cliché decir que Nacho Vegas (Gijón, 1974) tiene poco que ver con el personaje que se ha construido sobre él. Es alto y desgarbado, tiene el pelo castaño y se mueve con elegancia. Habla en voz baja, eligiendo cuidadosamente cada una de las palabras. De tanto en cuando, sonríe travieso y se le pone cara de niño. "No han estado mal las fotos", comenta al llegar mientras se quita un abrigo gris y el sempiterno fular rojo que le lleva acompañando durante toda la promoción de 'La zona sucia', su quinto trabajo en solitario. "Es un regalo de mi madre", explica.

Como los deportistas, a veces los músicos entran en un momentum en el que les sale todo bien y parecen capaces de conseguir cualquier cosa. Nacho está viviendo el suyo. Su nuevo disco, publicado bajo la etiqueta Marxophone, que engloba a Refree, a Fernando Alfaro y a la promotora de conciertos madrileña I'm An Artist, ha sido número tres en la lista de álbumes más vendidos. Mientras, la gira está siendo un éxito total, con llenazos en cada ciudad. En Madrid se han vendido ya todas las entradas para dos noches en Joy Eslava y se ha abierto otra más en el Circo Price.

Las cosas van mejor que nunca. ¿Cómo lo está viviendo?

Sí, van bien... Es ilusionante y estoy contento, claro. Pero cuando se publica un disco la sensación siempre es rara. Se necesita un poco más de tiempo para interpretar qué es lo que ha sucedido.

¿Cambian mucho sus canciones desde que las empieza a concebir hasta que están completadas?

Antes me ocurría más. Siempre se parte de una idea que nunca acaba siendo tan perfecta como uno se imagina. Ahora voy alcanzando lo que busco o, al menos, estoy más relajado. Es que mis canciones son muy imperfectas. Le doy mucha importancia a las letras, las corrijo mil veces y no me importa que retuerzan la melodía. Nunca se terminan del todo.

Precisamente, en La zona sucia eso pasa menos que nunca. La métrica está perfectamente encajada en la melodía y el conjunto queda muy redondo.

Es verdad. Justo antes de ponerme a trabajar en el álbum escuché todos mis discos y me quedé con la sensación de que mis canciones son demasiado retorcidas. Quería sintetizar mis ideas, no darle tantas vueltas y quedarme sólo con lo esencial de las letras.

¿Fue un shock escuchar toda su obra así del tirón?

Un poco sí (risas). Me di cuenta de que había algunas canciones de las que me había olvidado completamente, que sería incapaz de tocarlas.

¿Siente que cada vez domina más el oficio de compositor?

La verdad es que no. En algún momento he podido llegar a pensar que sí, que me sabía el truco, por decirlo de alguna manera. Pero siempre hay una parte de inseguridad en mí y, aparte, está el miedo a repetirse o a quedarse en blanco. Cuanta más música escucho, más difícil me resulta de controlar.

En este álbum la voz suena más relajada y cómoda que nunca. Como si hubiera cantado con los ojos cerrados en vez de abiertos...

Puede ser. Yo empecé odiando mi voz y todavía estoy intentando reconciliarme con ella. En los primeros discos es como si me diera miedo cantar y lo detesto, me da mucho pudor cuando los escucho. Eso me llevó al otro lado, a interpretar demasiado. Ahora intento ser más natural.

¿Es ésta su obra más accesible?

No sé por dónde va la 'accesibilidad'. Me hace ilusión que algunas de mis canciones más largas, como El Ángel Simón, sean de las más conocidas y aceptadas.

Ha encontrado un punto de humor jocoso al estilo del Leonard Cohen de I'm Your Man...

Sí, es que vas aprendiendo a analizar los temas desde otras perspectivas, a quitarles solemnidad y a distanciarte de las cosas. Alguien que me gusta mucho en ese aspecto es Randy Newman en los 70.

¿Escribe sobre hechos que han ocurrido recientemente en su vida o los deja reposar un tiempo?

Lo dejo reposar, es la única manera de ver las cosas desde una distancia crítica. Cuando he escrito demasiado en caliente no me ha gustado el resultado. Si empleas vivencias personales como materia prima hay que alejarse de ellas, si no sería como contarle tu vida a un colega.

¿Le agobia que la gente se obsesione con buscar referencias biográficas en su trabajo?

No soy consciente de que eso ocurra. Hombre, alguna vez en los conciertos te encuentras con gente que se toma las cosas demasiado en serio y, sí, termina por resultar incómodo.

¿No es un poco halagador también?

En mi caso, no. Es que me he encontrado con gente muy girada. Pero bueno, la gente suele entender que las canciones no son un diario o un texto periodístico.

¿Acepta que exista interés por su vida privada?

No noto que pase. Hay algún cotilleo y tal, pero no me lo tomo en serio. No me afecta ni a mi obra ni a mi vida diaria.

En Reloj sin manecillas pronuncia la frase "Tengo miedo/para qué mentir". ¿Qué le asusta?

Una insatisfacción difícil de habitar, estar solo, el paso del tiempo... Nos hacemos mayores y recolectamos nuevos miedos, aunque también relativizamos todos. Quizá el peor sea el miedo al miedo.

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